El comercio internacional en 2026 estará principalmente marcado por la moderación económica, la fragmentación geopolítica y una transformación tecnológica que avanza a diferentes velocidades según la región. Aunque los flujos comerciales continúan siendo un motor clave para la economía global, las empresas que participan en operaciones de importación y exportación deberán adaptarse a situaciones menos predecibles, donde la anticipación de riesgos (incluidos aquellos asociados al transporte y la protección de la mercancía mediante herramientas como el seguro de carga) se vuelve parte integral de la planeación estratégica.
De acuerdo con organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y centros académicos como el IESE, 2026 no será un año de contracción, pero sí de ajustes. El crecimiento económico será más lento, el comercio perderá el impulso artificial de años anteriores y las tensiones estructurales obligarán a las compañías a operar con mayor cautela, análisis y flexibilidad.
Un crecimiento económico moderado que redefine el ritmo del comercio internacional en 2026
Las proyecciones para 2026 coinciden en un mensaje central: la economía mundial seguirá creciendo, pero lo hará de forma desigual y con menor dinamismo que en la etapa previa a la pandemia. La ONU estima que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) global se situará en 2,7%, mientras que la OCDE prevé una expansión cercana al 2,9%. Ambas cifras confirman una tendencia clara: el mundo se ha instalado en un nuevo estándar de crecimiento moderado, por debajo del promedio del 3,2% registrado entre 2010 y 2019.
Este entorno económico tiene implicaciones directas para el comercio internacional. En 2025, el comercio mundial creció 3,8%, impulsado en gran medida por el adelanto de envíos para evitar nuevos aranceles, particularmente en el contexto de las políticas comerciales de Estados Unidos. Sin embargo, este efecto no es sostenible, ya que para este año la ONU anticipa una desaceleración del crecimiento comercial al 2,2%, una vez que las tarifas se consoliden y los flujos se normalicen.
Algunos elementos clave que definirán este nuevo ritmo del comercio internacional en 2026 son:
- Estabilidad relativa en economías desarrolladas, como Estados Unidos, Europa y Japón, que sostienen el crecimiento global, aunque con tasas moderadas (1,7% para EE. UU., 1,2% para Europa y 0,9% para Japón).
- Desempeño limitado de los países menos desarrollados, especialmente en África, donde el crecimiento proyectado del 4,6% para este año sigue estando muy por debajo del objetivo del 7% fijado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
- Persistencia de la inflación, que aunque se desacelera (3,1% estimado para 2026), mantiene un costo de vida elevado que afecta el consumo y la demanda de bienes importados.
- Presiones fiscales crecientes, derivadas del aumento de la deuda pública y de un gasto militar récord que alcanzó los 2,7 billones de dólares en 2024, desviando recursos de inversión productiva.
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Geopolítica, aranceles e incertidumbre
Más allá de las cifras macroeconómicas, el comercio internacional en 2026 estará definido por un entorno geopolítico volátil. Tanto la ONU como la OCDE advierten que los riesgos asociados a cambios abruptos en las políticas comerciales siguen latentes, especialmente en forma de nuevos aranceles, controles a la exportación y ajustes regulatorios inesperados.
El comercio global opera hoy en un sistema altamente interdependiente, donde las decisiones tomadas por un pequeño grupo de economías tienen efectos inmediatos en el resto del mundo. Las tensiones entre Estados Unidos, China y Rusia, así como la imprevisibilidad política de algunas administraciones, generan un entorno donde “esperar lo inesperado” deja de ser una frase retórica para convertirse en una necesidad operativa.
Asimismo, otros de los principales factores de riesgo que marcarán este año son:
- Cambios en barreras comerciales, que pueden debilitar el crecimiento mundial y generar disrupciones en las cadenas de suministro.
- Mayor sincronización de crisis, ya que desde 2008 los episodios de alta incertidumbre económica son más frecuentes y afectan simultáneamente a varias grandes economías.
- Volatilidad en precios de energía y materias primas, con impacto directo en costos logísticos, producción y precios finales.
- Fragilidad del sistema financiero, impulsada por el endeudamiento gubernamental y señales de tensión en mercados de crédito privado.
Tecnología, talento y sostenibilidad: fuerzas estructurales que transforman el comercio en 2026
Mientras el contexto económico y geopolítico impone cautela, tres fuerzas estructurales continúan redefiniendo el comercio internacional: la inteligencia artificial, la evolución del talento y la sostenibilidad, aunque cada una avanza a ritmos distintos y con impactos desiguales.
La inversión global en inteligencia artificial creció un 61,8% interanual, superando los 150 mil millones de dólares en 2024. Sin embargo, el 72% de esta inversión se concentra tan sólo en Estados Unidos, mientras que solo el 7% corresponde al resto del mundo. Esta concentración tecnológica amplía la brecha productiva entre países y afecta la competitividad de las economías con menor acceso a capital, infraestructura y talento especializado.
Sin embargo, este pequeño avance tecnológico tiene un impacto directo en el talento. Aunque hasta ahora la adopción de inteligencia no ha reducido el empleo agregado, los salarios de entrada en sectores expuestos a esta tecnología han caído un 4,5%, y los de perfiles junior hasta un 6,3%. Las empresas que participen en comercio internacional en 2026 demandarán más perfiles con capacidad de análisis avanzado, conocimiento sectorial y habilidades para operar en entornos complejos e inciertos.
En paralelo, la sostenibilidad seguirá avanzando, aunque de forma menos visible. Los criterios ESG se han politizado, lo que lleva a muchas empresas a mantener sus estrategias ambientales sin hacerlas excesivamente públicas. En 2026:
- China continuará liderando el desarrollo de tecnología verde.
- Estados Unidos acelerará proyectos sostenibles antes de que expiren incentivos fiscales.
- Europa podría flexibilizar algunas regulaciones ambientales, mientras impulsa iniciativas como la Ley de Economía Circular.
Estas dinámicas influirán en el comercio internacional a través de nuevas exigencias regulatorias, ajustes en costos y cambios en las preferencias de mercado, lo que obligará a las empresas a integrar la sostenibilidad como un factor estratégico más que reputacional.
En conclusión, el comercio internacional en 2026 estará por una acumulación de tensiones que exigirán una gestión más sofisticada del riesgo, la tecnología y el talento. El crecimiento económico moderado, la desaceleración del comercio, la incertidumbre geopolítica y la concentración tecnológica configuran un sector donde la improvisación deja de ser una opción viable.
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Fuente: El Economista




