La rapiña se ha convertido en uno de los fenómenos más preocupantes para el transporte de carga en México, especialmente porque ocurre en situaciones de vulnerabilidad, como accidentes o volcaduras. Por eso, muchas empresas optan por reforzar sus operaciones logísticas con seguros de carga ante el aumento de incidentes en carreteras. Se estima que del total de los robos de carga a nivel nacional, el 3% corresponden a rapiña, es decir, alrededor de más de 500 casos, según datos de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN).
La frecuencia del delito y la falta de respuesta contundente por parte de autoridades han convertido a este escenario en una situación complicada para los transportistas. Por ello, comprender sus causas, riesgos y consecuencias es indispensable para la industria logística, así como para las comunidades que viven alrededor de las carreteras.
¿Qué es la rapiña y por qué se ha vuelto tan frecuente?
La rapiña es el robo de mercancía que ocurre justo después de que un vehículo de carga sufre un accidente, ya sea una volcadura, colisión o una detención prolongada que facilite el saqueo. Aunque muchas personas la perciben como un acto espontáneo o incluso “tradicional” en ciertas zonas, en realidad se trata de un delito tipificado que puede involucrar violencia, amenazas y daños colaterales significativos.
Pese a la creencia popular, esta situación no sucede únicamente tras accidentes aparatosos, ya que también tiene lugar en situaciones como:
- Tráfico detenido por horas.
- Fallas mecánicas que obligan al operador a detenerse.
- Bloqueos o cierres temporales de carretera.
Como ejemplo, los transportistas señalan que en ocasiones los perpetradores abren la caja y roban la mercancía, lo que demuestra que el fenómeno no depende exclusivamente del impacto de un accidente, sino de cualquier oportunidad que facilite el delito.
A esto se suma la cifra del Instituto Mexicano del Transporte: cada año se registran más de 4 mil colisiones en carreteras federales donde hay vehículos de carga involucrados, lo que amplía la “ventana de oportunidad” para los saqueos.
Asimismo, según especialistas en sociología y seguridad, hay tres elementos que alimentan este fenómeno:
- Percepción de impunidad. La tardía llegada de autoridades hace creer que “nadie reclamará”.
- Costumbre comunitaria. En algunas zonas se repite la idea errónea de que lo que cae de un camión “ya no tiene dueño”.
- Necesidad económica. Para muchas familias vulnerables, los productos representan alimento o ingreso inmediato.
Estos factores han hecho que esta situación deje de verse como un delito y sea percibida, equivocadamente, como una oportunidad.
Riesgos y consecuencias
Uno de los elementos más graves de la rapiña es que sus efectos trascienden el valor de los productos robados. En ocasiones, este suceso no solo implica hurto, sino también violencia. En diversos casos, los operadores han sido amenazados o agredidos para abandonar la unidad, lo que transforma un accidente en una situación potencialmente fatal.
Además, las pérdidas económicas se reflejan en:
- Aumento de tarifas de transporte.
- Incremento en los precios finales de productos.
- Alzas en pólizas de seguro.
- Pérdidas millonarias por mercancía no recuperada.
Como advierte Antonio Tamez, vicepresidente de la región Noreste de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR): “Lo más grave es que al final las pérdidas las paga la ciudadanía”.
Un caso reciente ampliamente difundido ocurrió en Veracruz, cuando un tráiler con cerdos volcó y, en pocos minutos, decenas de personas llegaron para llevarse los animales. El video se viralizó y despertó indignación no solo por el robo, sino por las condiciones sanitarias en que se manipuló la carne.
Situaciones similares se han reportado en Estado de México, Puebla y Chiapas, donde productos como electrodomésticos, alimentos y bebidas han sido saqueados sin intervención inmediata.
La manipulación de productos (especialmente animales o alimentos) sin control sanitario puede provocar brotes de enfermedades o intoxicaciones. Además, este comportamiento afecta la reputación de comunidades enteras, dificultando la inversión o el tránsito de empresas por esas zonas.
El marco legal y los esfuerzos para combatir la rapiña
Como ya se mencionó, uno de los principales problemas es la percepción errónea de que la rapiña “no es delito”. Sin embargo, el Código Penal Federal la clasifica claramente como robo, y varios estados han endurecido sus leyes para frenar el fenómeno.
En varias entidades, como Veracruz y Nuevo León, se han propuesto penas de hasta 10 años de prisión, aunque aún sin un avance claro a nivel federal.
Por otro lado, iniciativas actuales buscan castigar este suceso con 1 a 2 años de prisión y multas que van de $9,622 a $72,165 pesos, dependiendo de la gravedad y si existe violencia o participación en grupo.
A pesar de estos esfuerzos legislativos, los transportistas señalan que el principal problema está en la falta de presencia de autoridades en los tramos críticos. La Asociación Nacional de Transporte Privado (ANTP), por ejemplo, ha solicitado mayor vigilancia por parte de la Guardia Nacional, ya que, según su directora jurídica, “la presencia de patrullas inhibe este suceso”.
No obstante, la rapiña es también un problema social. Mientras existan desigualdad, impunidad y falta de cultura legal, el fenómeno seguirá repitiéndose. Es por esta razón que algunos expertos en seguridad proponen:
- Protocolos de reacción inmediata ante accidentes.
- Campañas comunitarias que expliquen las consecuencias legales y sanitarias.
- Apoyo económico a comunidades vulnerables.
- Fortalecimiento de seguros y coberturas especializadas para transportistas.
Sin acciones coordinadas y de largo plazo, esta situación seguirá siendo un reflejo de la crisis institucional y social en varias regiones del país.
En conclusión, la rapiña en México es un fenómeno complejo que combina factores sociales, legales, económicos y culturales. Sus efectos van mucho más allá del robo momentáneo de productos, ya que también ponen en riesgo la vida de los operadores, encarecen el transporte, afectan a las empresas, deterioran la economía y dañan la imagen de comunidades enteras.
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Fuente: Transporte MX




