En la actualidad, depender de un solo proveedor ya no es una opción viable para muchas organizaciones debido a las fallas operativas, retrasos, problemas financieros o incluso eventos externos. Por ello, estrategias como el multisourcing han cobrado relevancia en áreas críticas como tecnología y cadenas de suministro. De forma paralela, las empresas también buscan mecanismos de protección complementarios (como el seguro de carga en operaciones logísticas) para blindar sus activos frente a escenarios imprevistos. Esta práctica se define como un enfoque estratégico mediante el cual las organizaciones contratan a múltiples proveedores para cubrir distintos procesos, servicios o componentes de sus operaciones, en lugar de concentrar todo en un solo proveedor. A diferencia de los modelos tradicionales de fuente única, este esquema distribuye responsabilidades, fomenta la especialización y crea estructuras operativas más flexibles y resilientes.
¿Qué es el multisourcing y cómo funciona en la práctica?
Una estrategia de multisourcing implica la selección deliberada y la gestión coordinada de varios proveedores con objetivos comerciales claramente definidos. No se trata únicamente de contratar a más de un proveedor, sino de diseñar un modelo operativo donde cada uno aporte valor desde su experiencia específica, manteniendo al mismo tiempo un marco de control centralizado.
En sectores como el de la tecnología, este enfoque suele ser supervisado por una oficina de gestión de proveedores, que trabaja de la mano con equipos legales, tecnológicos y directivos. Asimismo, requiere estructuras sólidas de gobernanza interna, reglas claras de interacción y criterios homogéneos de desempeño que sean compartidos con todos los proveedores involucrados.
Entre los componentes clave de una contratación multisourcing eficaz destacan:
- Diversificación de proveedores, que reduce la dependencia excesiva de una sola empresa y elimina puntos únicos de falla.
- Asociaciones estratégicas, donde se construyen relaciones sólidas sin eliminar la competencia sana entre proveedores.
- Marcos de gestión de riesgos, orientados a identificar, evaluar y mitigar interrupciones potenciales en toda la red de suministro o servicios.
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Beneficios estratégicos para las organizaciones
La adopción del multisourcing genera beneficios medibles tanto a nivel operativo como estratégico:
- Gestión de riesgos. Distribuir procesos entre varios proveedores elimina los puntos únicos de falla. Si un proveedor enfrenta problemas de calidad, incumplimientos o dificultades financieras, la operación puede continuar con el respaldo de los demás.
- Optimización de costos. La competencia natural entre proveedores impulsa mejores condiciones comerciales y precios más eficientes. De acuerdo con datos del sector, las organizaciones que implementan modelos de este tipo pueden lograr ahorros promedio de entre 15% y 30% en comparación con esquemas de proveedor único, sin sacrificar calidad o niveles de servicio.
- La flexibilidad y escalabilidad. Al contar con múltiples proveedores, las empresas pueden ajustar rápidamente su capacidad operativa ante picos de demanda, cambios de mercado o nuevas prioridades estratégicas. Esto se traduce en una mayor velocidad de respuesta y una mejor adaptación a entornos volátiles.
- Acceso a conocimientos especializados. Cada proveedor aporta capacidades específicas, certificaciones, tecnologías y experiencia acumulada. Este enfoque eleva la calidad del servicio y abre oportunidades de innovación que difícilmente se obtendrían con un solo socio.
En logística y manufactura, por ejemplo, trabajar con proveedores especializados por componente o región permite optimizar costos, asegurar calidad y fortalecer la continuidad del suministro; incluso, combinado con herramientas de gestión de riesgos como el seguro de carga, el impacto de interrupciones se reduce significativamente.
Retos, selección de proveedores y mejores prácticas para una implementación exitosa
A pesar de sus ventajas, el multisourcing también implica desafíos relevantes. Uno de los principales es la gestión de relaciones con proveedores. Coordinar múltiples actores exige mayor esfuerzo en comunicación, alineación de objetivos y resolución de conflictos. Sin estructuras de gobernanza claras, el modelo puede volverse complejo y poco eficiente.
La integración y coordinación operativa representa otro reto. Cuando distintos proveedores gestionan partes de un mismo proceso, las interdependencias pueden generar fricciones, retrasos o duplicidades si no existen procesos de integración bien definidos. A ello se suma la necesidad de estandarizar la calidad, ya que mantener niveles de servicio consistentes requiere métricas claras, auditorías periódicas y una supervisión constante.
Además, puede implicar un aumento en los gastos generales de gestión, ya que se necesitan equipos dedicados a supervisar contratos, evaluar desempeño y coordinar actividades entre proveedores. Sin embargo, cuando se gestiona correctamente, estos costos suelen verse compensados por los ahorros y beneficios estratégicos obtenidos.
Para mitigar estos desafíos, la selección de proveedores es crítica. Las organizaciones deben evaluar factores como:
- Capacidad técnica y experiencia comprobada.
- Estabilidad financiera y viabilidad a largo plazo.
- Alineación cultural y compatibilidad en estilos de comunicación.
- Estándares de calidad, certificaciones y métricas de desempeño.
- Escalabilidad y disponibilidad de recursos.
El proceso suele apoyarse en RFP (Solicitud de Propuesta, por sus siglas en inglés) bien estructuradas, programas piloto y verificaciones de referencias con clientes existentes. Una vez seleccionados los proveedores, las mejores prácticas recomiendan establecer equipos de gobernanza dedicados, marcos sólidos de comunicación, sistemas de monitoreo de desempeño y contratos que definan claramente roles, responsabilidades y mecanismos de resolución de disputas.
En conclusión, el multisourcing se ha consolidado como una estrategia clave para organizaciones que buscan mayor resiliencia, eficiencia y control en sus operaciones. No obstante, su éxito depende de una gestión rigurosa, una selección cuidadosa de socios y estructuras de gobernanza bien definidas. Implementado correctamente, esta práctica no solo mejora el desempeño operativo, sino que se convierte en un habilitador estratégico para el crecimiento sostenible en entornos cada vez más complejos.
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Fuente: El Economista



